2008-11-02

NOVIEMBRE 08





Imágenes de Guido Argentini





Amalia Bautista


Mónica Nepote Carmen Villoro


Juan Antonio González Iglesias


Roberto Juarroz Ángel González


Wislawa Szymborska


Luis Jorge Boone Vicente Gallego


Lua Rivadeneyra Luis Felipe Fabre












Amalia Bautista




La reina Mab



Tú, que no me preguntas dónde vivo,

mereces la respuesta más que nadie:

no hace falta buscarme en lo profundo

del bosque, ni a la orilla de algún lago

donde flotan cadáveres hinchados,

ni en las húmedas grutas, ni en las cumbres

donde hay flores de azúcar o de hielo.

Estaré donde quieras contemplarme

por detrás de tus párpados cerrados.

Allá donde tus ojos me den alas.



Amalia Bautista

























Guido Argentini





Mónica Nepote




Ucrania


a partir de Clarice Lispector


No tengo lengua, madre,
bajo la palabra ucrania.
No hay raíz
sino rayos
destellos de un idioma
de puertas y ventanas rotas.
Punto ciego
en ucrania,
el hasta aquí,
el sordomudo, el manco
el beso transgénico.
No tengo lengua, madre,
sólo instinto
voraz de nuevos suelos.



Mónica Nepote



Carmen Villoro




Bajo amorosa sombra



Cúrame con tus manos,
toca de mí el olvido
que se fue acomodando entre los pliegues.
No venga la tormenta a amordazar mis sueños,
sólo esta lluvia suave, vespertina
despierte en mí los pétalos dormidos.
Desnúdame en silencio,
hoja por hoja
hasta dejar al descubierto el punto
del estremecimiento.
No debe haber estrépitos
que vulneren la calma de mi piel
tendida para ti como un estanque
en donde sólo el toque de tus labios
perturba la quietud.
No quiero los platillos
festejando con notas deslumbrantes
la pasión de los cuerpos,
ni los timbales ebrios
apurando la noche;
sólo la melodía de una flauta
tenue pero sinuosa
que adormezca con ritmo acompasado
estos miedos que vas quitando al paso.
Disuelve con tus dedos
el dolor y sus máculas guardadas
en rincones ocultos;
que se adelgace el tiempo
con tu humedad benigna
hasta llegar al límite de lo que no ha sufrido
magulladura alguna.
Devuélvele la paz a mis palabras
deseosas de ser playas
donde arriben tus barcas sigilosas.
Este amor en penumbra
aluza más que el sol
la gruta en que se había escondido
una parte de mí,
tal vez la más secreta.
Acerca con prudencia
toda tu voz, tus años, tu tibieza
y cuídame despacio
como una flor quebrada
que revive por fin
bajo amorosa sombra.



Carmen Villoro
























Guido Argentini





Juan Antonio González Iglesias




Del lado del amor duerme mi cuerpo

This is a puzzling poem
G. Williams, sobre la Oda 111 2 de Horacio


Del lado del amor duerme mi cuerpo
desde niño. He cumplido
30 años. No escribo mi futuro
ni mi pasado. Sea
la medida de todo el corazón.
He cumplido también sueños y miedos.
Sea también. He pisado
un septiembre de lágrimas, amargo
como frontera atrás, como vendimia
irremediable. Yeso era el dolor.
Ahora he comprendido
que es necesario el ciervo, y es necesario el tigre.
Afirmo todo aquello que negué.
Cómo me salvaré sino queriendo.
He tenido al que fui
con 19 años en mis brazos
y lo he visto feliz. He percibido cómo
mi cuerpo transmitía
esa felicidad,
que iba de mis labios a sus labios,
de mi torso a su torso, de mi piel a la suya.
Sé que los iletrados y los tímidos
conocen la verdad. Pierdo mi tiempo
dejando este reguero
largo de sílabas, porque movido
a resplandor, resuelto
en poema, será
inapagable luz
que llegará algún día
hasta el oscuro centro de tus ojos.



Juan Antonio González Iglesias



Roberto Juarroz




Hemos amado juntos tantas cosas...



Hemos amado juntos tantas cosas
que es difícil amarlas separados.
Parece que se hubieran alejado de pronto
o que el amor fuera una hormiga
escalando los declives del cielo.

Hemos vivido juntos tanto abismo
que sin ti todo parece superficie,
órbita de simulacros que resbalan,
tensión sin extensiones,
vigilancia de cuerpos sin presencia.

Hemos perdido juntos tanta nada
que el hábito persiste y se da vuelta
y ahora todo es ganancia de la nada.
El tiempo se convierte en antitiempo
porque ya no lo piensas.

Hemos callado y hablado tanto juntos
que hasta callar y hablar son dos traiciones,
dos sustancias sin justificación,
dos sustitutos.

Lo hemos buscado todo,
lo hemos hallado todo,
lo hemos dejado todo.

Únicamente no nos dieron tiempo
para encontrar el ojo de tu muerte,
aunque fuera también para dejarlo.



Roberto Juarroz



Ángel González




Para que yo me llame Ángel González



Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo el mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento...



Ángel González
























Guido Argentini





Wislawa Szymborska




Retrato de mujer



Tiene que ser para elegir.
Cambiar para que no cambie nada.
Es fácil, imposible, difícil, vale la pena intentarlo.
Tiene ojos, si hace falta, a veces grises, otras azules,
negros, alegres, llenos de lágrimas sin motivo.
Se acuesta con él como primera de la fila, la única en el mundo.
Le da cuatro hijos, no le da hijos, le da uno.
Ingenua, pero da buenos consejos.
Débil, pero puede con la carga.
No tiene nada en la cabeza, pero lo va a tener.
Lee a Jaspers y revistas femeninas.
No sabe para qué es ese tornillo y construye un puente.
Joven, como de costumbre joven, constantemente joven.
Tiene en la mano un gorrión con el ala rota,
su propio dinero para un viaje largo y lejano,
un cuchillo, una compresa y un vaso de vodka.
A dónde va con tanta prisa, ¿no estará cansada?
Claro que no, sólo un poco, mucho, no importa.
O lo ama o está encaprichada.
En las buenas, en las malas y por el amor de Dios.



Wislawa Szymborska

Versión de Gerardo Beltrán



Luis Jorge Boone




Ataduras



En la pared del traspatio,
dentro de la argamasa que une los tabiques,
mi madre enterró una parte de sus hijos al nacer
—líneas de sangre que los alimentaron
antes de llegar al mundo,
cuerdas que atan más allá
de la fuerza de los nudos—,
como anclándonos unos a otros
y a la tierra oscura de nuestra infancia,
y a esta casa que hace cuarenta años abandonamos
como si fuéramos a regresar al poco rato,
siendo que jamás nadie
volvió para habitarla.

Hoy vuelvo a este refugio y su catástrofe.
A enredar el hilo del carrete de mis venas.
A mirar la lluvia, cómo desgasta el adobe
cubre las paredes del polvo
que tomo con los dedos
y pongo en mi lengua,
para volver del todo.
Justo como a los cinco años,
cuando, sin saberlo, éste que ahora soy
era entonces el futuro.



Luis Jorge Boone



Vicente Gallego




Noviembre 15



Con esta mano
me fatigo al amarte desde lejos.
Tendido bajo el viejo ventanal,
espero a que el sudor se quede frío,
contemplo el laberinto de mis brazos.
Soy dueño de un rectángulo de cielo
que nunca alcanzaré.
Pero debemos ser más objetivos,
olvidar los afanes, los engaños,
el inútil deseo de unos versos
que atestigüen la vida. Celebrar
el silencio de un cuerpo satisfecho,
esa altura sin dios a la que llega
nuestra carne mortal. Saber así
la plenitud que algunos perseguimos:
un hombre, bajo el cielo, ve sus manos.



Vicente Gallego



















Guido Argentini







Lucía Rivadeneyra




Chequeo médico



Si ignoras el horror,
si quieres olvidarte de la vida
un rato, entra al hospital más próximo.
Y busca la zona de corta estancia.

Prohibido equivocarse, fumar, llorar a gritos.
Intérnate. El horror estará cerca.
Enférmate, y entonces
arrancarán tu ropa de colores
pesarán tus desmanes y tus dudas.

Escucharán, extraños seres, tu corazón.
Pincharán, sin piedad, todas tus venas.
Querrán de tu dulzura saber todo.

Contarán tus huesos a contraluz
Matarán tu pudor herido y gris

Recibirán completos tus deshechos.
Pondrán anestesia en tu memoria.
Despertarás en blanco
frente a un ramo de minutos muertos.

Todo bien, dirán en algún instante.
Si te puedes ir, no olvidarás nunca.



Lucía Rivadeneyra



Luis Felipe Fabre




Imagen de la desconocida

(A partir de un poema de Juan Carlos Bautista)


Un zapato rojo de tacón alto

que es, en sí mismo,
el fantasma de su par ausente.

Un zapato perdido a mitad de la noche,
perdido, entre un paso
y otro, a mitad de la calle.

Un zapato del que se puede deducir una mujer
súbitamente coja
y posiblemente trágica.

Más que un zapato: una pista para resolver un crimen.

Un zapato que es una pregunta
cuya respuesta es otro zapato.



Luis Felipe Fabre