2008-10-01

OCTUBRE 08

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Imágenes de Ralph Gibson




Rubén Bonifaz Nuño Juan Gelman

Luis Cernuda
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Eliseo Diego Adonis
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Cesare Pavese
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Jorge Eduado Eielson Jennifer Clement
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Ledo Ivo
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Vladimir Holan Enrique Lhin



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Rubén Bonifaz Nuño




Ningún otro cuerpo como el tuyo



Ningún otro cuerpo como el tuyo
vino a salir sobre la tierra,
porque él es tú. Domingo diario,
simposio y lecho y mesa puesta
para los sentidos no platónicos.

Sin verte ni oírte, voy formándole
el molde de un instante tuyo;
el estuche justo, tu morada.
Espacio puro, impenetrable,
donde guardarlo aprisionado.

Siguiendo los innumerables
peldaños infinitesimales
de tu olor, bajando y ascendiendo,
las superficies reconozco,
maravilladas, de tu cuerpo.

Hueles a escollo soleado,
a huertas en la sombra, a tienda
de perfumes; a desierto hueles,
tierra grávida, a llovizna;
a carne de nardo macerada,
a impulsos de ansias animales.

Y cada aroma halla respuesta
en un sabor que lo sostiene,
y el regusto de la sal, el agrio
del fruto en agraz; dulcísimo,
el del fruto maduro y pleno,
el amargor donde floreces,
mezclándose, ardiendo, disolviéndose,
hacen de ti un sabor; el único
sabor, el que te vuelve en suya.

Y con él completo la armadura
del perfecto espacio: tu recinto
inequívoco, el sitio de ti misma.



Rubén Bonifaz Nuño

























Ralph Gibson







Juan Gelman




Fugas



La velocidad de la palabra no es
la velocidad de la sangre y no sé
quién traiciona a quién. ¿Cómo
se encima el horizonte
a la palabra cuándo, a su
cortejo de esperas que todo cambiarán?
La noche cae y se consuela,
pero caer no es un consuelo para mí.
Estoy parado en el espanto
mientras cantan los rostros del día y
no sé quién miente, ellos o yo. Al fondo pasa
el animal que huye
a gran velocidad.



Juan Gelman



Luis Cernuda




No decía palabras



No decía palabras,
Acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,
Porque ignoraba que el deseo es una pregunta
Cuya respuesta no existe,
Una hoja cuya rama no existe,
Un mundo cuyo cielo no existe.

La angustia se abre paso entre los huesos,
Remonta por las venas
Hasta abrirse en la piel,
Surtidores de sueño
Hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.
Un roce al paso,
Una mirada fugaz entre las sombras,
Bastan para que el cuerpo se abra en dos,
Ávido de recibir en sí mismo
Otro cuerpo que sueñe;
Mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,
Iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.
Aunque sólo sea una esperanza,
Porque el deseo es una pregunta cuya respuesta nadie
sabe.



Luis Cernuda



Eliseo Diego




En paz



El gato duerme en la cocina
mientras la lluvia corre afuera.
Cien y mil años de penumbra.
La tarde solo un soplo afuera.

El gato duerme desde cuándo,
la lluvia es otra y otra, afuera.
El gato en paz, en paz el sueño,
y el agua hacia la mar
afuera.



Eliseo Diego



Adonis




Celebración de claroscuro



La vida es el elixir de la muerte,
por eso la muerte no envejece jamás.

El mar no sabe bailar
ni dormir
más que desnudo.

Amor: eternidad que dura un solo instante.
Odio: instante que dura como si fuera eterno.

La playa usa el tiempo
para permanecer sentada.
Las olas usan el tiempo
para permanecer en movimiento.

La alegría tiene alas
pero no tiene cuerpo.
La tristeza tiene cuerpo
pero no tiene alas.

La rosa es la estación del ojo,
su perfume, la estación del corazón.

Ola: guitarra
cuyas cuerdas son las playas.

El desierto se fue lejos por amor al sol.
Así se quemó.
La ceniza tiene siempre mirada de despedida.
El fuego tiene siempre mirada de encuentro.

Jardín: mujer
cuyo cuerpo es la tierra
y la hierba el vestido.

Rosa: barco que navega por el aire
con un solo pasajero: el perfume.

¿Es pecado el deseo?
Tal vez, a veces.
Pero el placer
es siempre casto.



Adonis
 Ali Ahmad Said

























Ralph Gibson







Cesare Pavese




La noche



Pero la noche ventosa, la límpida noche
que el recuerdo rozaba solamente, está remota,
es un recuerdo. Perdura una calma asombrada
también ella hecha de hojas y de nada. No queda
de aquel tiempo más allá de los recuerdos, sino un vago
recordar.

A veces retorna en el día
en la inmóvil luz del día de verano
aquel remoto estupor.

Por la ventana vacía
el niño miraba la noche sobre las colinas
frescas y negras, y lo asombraba verlas en montón:
vaga y límpida inmovilidad. Entre las hojas
que susurraban en la sombra, surgían las colinas
donde todas las cosas del día, las laderas
y las plantas y las viñas, eran nítidas y muertas
y la vida era otra, de viento, de cielo,
y de hojas y de nada.

A veces retorna
en la inmóvil calma del día el recuerdo
de aquel vivir absorto, en la luz asombrada.



Cesare Pavese



Jorge Eduardo Eielson




Cuerpo Enamorado



Miro mi sexo con ternura
Toco la punta de mi cuerpo
enamorado Y no soy yo que veo
sino el otro El mismo mono
milenario que se refleja en el
remanso y ríe Amo el espejo en
que contemplo mi espesa barba
y mi tristeza
mis pantalones grises y la lluvia
Miro mi sexo con ternura
mi glande puro y mis testículos
repletos de amargura
y no soy yo que sufre sino el otro
el mismo mono milenario
que se refleja en el espejo y llora.



Jorge Eduardo Eielson
























Ralph Gibson






Jennifer Clement




Niños de Wishbone



Cuando me sacaron y me levantaron en el aire
salió mi gemela muerta
asida a mi tobillo.

Tuvieron que desprender sus diminutos dedos
para que me soltara,
sus dedos que tenazmente trataron de retenerme
dentro.

Todavía siento
aquella mano codiciosa
jalando mi pie
por donde camino.



Jennifer Clement



Ledo Ivo




La hoguera



Quema cuanto puedas:
las cartas de amor
las cuentas telefónicas
el cesto de ropa sucia
las escrituras y certificados
la deslealtad de los colegas resentidos
la confesión interrumpida
el poema erótico que confirma la impotencia
y anuncia la arteriosclerosis

los recortes antiguos y las fotografías amarillentas.
No dejes a los voraces herederos
ninguna herencia de papel.
Sé como los lobos: muere en la madriguera
y sólo muestra tus afilados dientes a los canallas.
Vive y muere cerrado como un caracol.
Dile siempre no a la escoria electrónica.

Destruye los poemas inacabados, los borradores,
las variaciones y los fragmentos
que provocan el orgasmo tardío de filólogos y eruditos.
No dejes a los catadores de basura literaria ninguna migaja.
No confíes a nadie tu secreto.
La verdad no puede ser dicha.



Ledo Ivo

Versión de Lucas Sarasibar



Vladimir Holan




Encuentro en un elevador



Sólo nosotros dos entramos en el elevador.
Nos miramos sin pensar en nada más.
Dos vidas, un momento, plenitud, beatitud.


Ella bajó en el quinto piso y yo, que iba más arriba,
supe que no volvería a verla jamás,
que nos habíamos encontrado en la vida sólo una vez,

que si la siguiera sería como un muerto,
y si ella volviese a mí

sería del otro mundo.



Vladimir Holan




Ralph Gibson







Enrique Lhin




[Si se ha de escribir correctamente poesía]



Si se ha de escribir correctamente poesía
no basta con sentirse desfallecer en el jardín
bajo el peso concertado del alma o lo que fuere
y del célebre crepúsculo o lo que fuere.
El corazón es pobre de vocabulario.
Su laberinto: un juego para atrasados mentales
en que da risa verlo moverse como un buey
un lector integral de novelas por entrega.
Desde el momento en que coge el violín
ni siquiera el Vals triste de Sibelius
permanece en la sala que se llena de tango.
Salvo las honrosas excepciones las poetisas uruguayas
todavía confunden la poesía con el baile
en una mórbida quinta de recreo,
o la confunden con el sexo o la confunden con la muerte.
Si se ha de escribir correctamente poesía
en cualquier caso hay que tomarlo con calma.
Lo primero de todo: sentarse y madurar.
El odio prematuro a la literatura
puede ser de utilidad para no pasar en el ejército
por maricón, pero el mismo Rimbaud
que probó que la odiaba fue un ratón de biblioteca,
y esa náusea gloriosa le vino de roerla.
Se juega al ajedrez
con las palabras hasta para aullar.
Equilibrio inestable de la tinta y la sangre
que debes mantener de un verso a otro
so pena de romperte los papeles del alma.
Muerte, locura y sueño son otras tantas piezas
de marfil y de cuerno o lo que fuere;
lo importante es moverlas en el jardín a cuadros
de manera que el peón que baila con la reina
no le perdone el menor paso en falso.
Quienes insisten en llamar a las cosas por sus nombres
como si fueran claras y sencillas
las llenan simplemente de nuevos ornamentos.
No las expresan, giran en torno al diccionario,
inutilizan más y más el lenguaje,
las llaman por sus nombres y ellas responden por sus
nombres
pero se nos desnudan en los parajes oscuros.
Discursos, oraciones, juegos de sobremesa,
todas estas cositas por las que vamos tirando.
Si se ha de escribir correctamente poesía
no estaría de más bajar un poco el tono
sin adoptar por ello un silencio monolítico
ni decidirse por la murmuración.
Es un pez o algo así lo que esperamos pescar,
algo de vida, rápido, que se confunde con la sombra
y no la sombra misma ni el Leviatán entero.
Es algo que merezca recordarse
por alguna razón parecida a la nada
pero que no es la nada ni el Leviatán entero,
ni exactamente un zapato ni una dentadura postiza.



Enrique Lhin