2008-09-01

SEPTIEMBRE 08





Imágenes de Roy Stuart




JoEmilio Pacheco

Vicente Quirarte

Jorge Valdés Díaz-Vélez

Luis Vicente de Aguinaga

Adam Zagaweski

Darío Jaramillo Agudelo

Gabriel Zd

Carlos Martínez Rivas

Piedad Bonnett

Emilio Adolfo Westphalen

Carlos Marzal






José Emilio Pacheco




Alta traición



No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos.



José Emilio Pacheco



Vicente Quirarte




Los bares del sur



De gitana los ojos;
las ojeras, victoria de la noche.
De renovado mármol la epidermis.
Mascarones de proa, los dos pechos
navegan por el mar de los sargazos
entre ardidos, piratas y sedientos.
Los zapatos celestes, grande y honda la herida
del taconear ligero y de la falda
que, igual al escote de la blusa,
busca el ojo cerrado del ombligo.
Y esa risa alevosa, envolvente, cantarina,
chorro de luna llena
en el sol con muletas de los antros.
Engalanada para la sed del Viernes,
tomas posesión. A los peones ordenas
el trópico en un vaso
y ese ron que comienza el tiroteo
inunda de llamas dulces tus entrañas.
Mides, con regla de señora, tu dominio,
reina de los plebeyos de la barra,
ángel entre los torvos y sirenas.
Estela de los bares, tú no esperas:
veinte cerillos prenden tu cigarro
cuando ya lo ha prendido tu bocaza,
en pie de alta guerra tus carmines.
Acódate y acábame. En tu primer cigarro,
une a todas las divas de mi infancia.
Concédeme la gracia
de guardar en mis ojos tu antebrazo
donde quince lunares se congregan
para trazar la forma del caballo
donde espero llevarte
a cabalgar la noche.

Que después la mañana nos disuelva.



Vicente Quirarte



Jorge Valdés Díaz-Vélez




Cabo de Gata



Por la luz opulenta del oleaje
va emergiendo a la luz de su hermosura.
Prende su cabellera entre las manos
y la curva del aire le arrebuja
el eclipse lunar de sus axilas.

Doble celebración de la resaca
los pies que entre la arena se abandonan
a un destello de sombra ensortijada
con olores de sándalo. Ella tiene
señales del amor en las pupilas,
el tedio a buen recaudo tras las gafas
oscuras, la indolencia en que bosteza
el sol. Cierra sus párpados. El sueño
se desnuda en la toalla sobre un libro
de historia elemental, igual que todas
las que pueblan los mares de adversarios
emblemas de combate. La mañana
recoge su contorno y el verano
se adentra por la piel de su sonrisa.



Jorge Valdés Díaz-Vélez



Roy Stuart





Luis Vicente de Aguinaga




Espaldas de la hora



La pared se fue alzando con el día.
Su propio cimiento la escalaba
y un trance alterno de polvo y de pintura
se adhería en lo más alto al dibujo de las nubes.
La pared se ha ido alzando con el día.
Insectos, perros, manos fatigadas
como el sol que la impulsa o vientos leves
apoyan el cuerpo en sus laderas. Baja
el tiempo de la ciudad: se detiene a la sombra
de la pared que va creciendo. Con el día,
junto al día, tal vez a espaldas
de la hora y el turno, de la espera y el ciclo,
un muro acentúa el color de la ceniza
y lo conduce al violeta sanguíneo de los frutos.
Dibujo, altura, nubes. Puede ser que llueva.
La pared se levanta con el día.


Luis Vicente de Aguinaga



Adam Zagajewski




Noto



Noto, una ciudad que sería perfecta
si supiésemos creer con más ardor.

Noto, una ciudad barroca donde hasta
los establos y las glorietas son barrocos.

Por desgracia, la cúpula de la catedral
se derrumbó y las grúas la rodean

como los médicos de un hospital
junto al lecho del enfermo.

Por la tarde los jóvenes del lugar
se congregan en la calle Mayor

y silban de aburrimiento
como un tordo en cautividad.

Esta ciudad es demasiado perfecta
para sus habitantes.



Adam Zagajewski



Darío Jaramillo Agudelo




Algún día



Algún día escribiré un poema
que no mencione el aire ni la noche;
un poema que omita los nombres de las flores,
que no tenga jazmines o magnolias.

Algún día te escribiré un poema sin pájaros
ni fuentes, un poema que eluda el mar
y que no mire a las estrellas.

Algún día te escribiré un poema que se limite a pasar
los dedos por tu piel
y que convierta en palabras tu mirada.

Sin comparaciones, sin metáforas, algún día escribiré
un poema que huela a ti,
un poema con el ritmo de tus pulsaciones,
con la intensidad estrujada de tu abrazo.

Algún día escribiré un poema, el canto de mí dicha.



Darío Jaramillo Agudelo



Roy Stuart





Gabriel Zaíd




Prueba de Arquímides




Si te hundiera en una tina,
vería el volumen que desplazas.
Si te colgara de un pie,
hasta qué punto eres un bulto.
Estoy perplejo porque eres.
Porque eres eso, eso y más que eso.
¿Acabaré de entenderte?
Te muerdo y sólo te desprendo un grito.
Te aprieto y vuelas en una carcajada.
¿Dónde está el alma, dicen los cirujanos?
¿Quién eres tú, digo yo?
Me fui de bruces en tus ojos.
No tenían fondo.



Gabriel Zaíd



Carlos Martínez Rivas




Cuerpo Cielo



Tocar un cuerpo es tocar
el Cielo -quiere decir esto:
Cuerpo ni La Maja es visible.
Forma renuente que se expone
contra lo oculto que se entrega
cuerpo desnudo está cerrado.
Sordo al dedo, a la conciencia
esquivo, murado al contacto.

Lo que quiso decir Novalis.
Es intocable el cuerpo humano
como el Cielo es intocable.

¿O que será tocado sólo
cuando tocáramos el cielo
y tocar cielo es tocar cuerpo
y sólo entonces como puerto?

Fórmula Cuerpo Cielo Cero.



Carlos Martínez Rivas




Roy Stuart






Pidad Bonnett




Ahora que ya no soy más joven



Ahora que ya remonto la mitad del camino de mi vida,
yo que siempre me apené de las gentes mayores,
yo, que soy eterna pues he muerto cien veces, de tedio, de agonía,
y que alargo mis brazos al sol en las mañanas y me arrullo
en las noches y me canto canciones para espantar el miedo,
¿qué haré con esta sombra que comienza a vestirme
y a despojarme sin remordimientos?
¿Qué haré con el confuso y turbio río que no encuentra su mar,
con tanto día y tanto aniversario, con tanta juventud a las espaldas,
si aún no he nacido, si aún hoy me cabe
un mundo entero en el costado izquierdo?
¿Qué hacer ahora que ya no soy más joven
si todavía no te he conocido?



Piedad Bonnett



Emilio Adolfo Westphalen




Una representación hermosa del amor…



Una representación hermosa del amor
Debería volver siempre sobre sí misma
Una y otra vez y otra vez
Y así indefinidamente
Deberían repetirse exactamente
Los mismos gestos
Los mismos movimientos
El mismo ruido de besos
Las mismas ondulaciones
De modo que la reproducción cinematográfica
Sumamente acelerada
De todos estos coitos sucesivos
En pequeños rectángulos situados
Encima de las mesas y sobre las paredes
Pudiera servir de instrumento regulador
De la marcha del tiempo
Y ser denominado
Reloj de amor.



Emilio Adofo Westphalen





Roy Stuart





Carlos Marzal




Metal pesado



Igual que sucedía, siendo niños,
con las mágicas gotas de mercurio,
que se multiplicaban imposibles
en una perturbada geometría,
al romperse el termómetro, y daban a la fiebre
una pátina más de irrealidad,
el clima incomprensible de los relojes blandos.
Algo de ese fenómeno concierne a nuestra alma.
En un sentido estricto, cada cual
es obra de un sinfín de multiplicaciones,
de errores de la especie, de conquistas
contra la oscuridad. Un individuo
es en su anonimato una obra de arte,
un atávico mapa del tesoro
tatuado en la piel de las genealogías
y que lleva hasta él mismo a sangre y fuego.
No hay nada que no hayamos recibido
ni nada que no demos en herencia
Existe una razón para sentir orgullo
en mitad de esta fiebre que no acaba.
Somos custodios de un metal pesado,
lujosas gotas de mercurio amante.



Carlos Marzal























Roy Stuart