2007-09-04

SEPTIEMBRE 07

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Imágenes de Jeanloup Sieff

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Bonifaz Nuño..........

Valdés Díaz-Vélez............

Gil de Biedma..............

Jabès................

González de León..................

Lizalde....................

Colinas......................

Hernández de Valle Arizpe........................

Verduchi..........................

Carver............................

Alvarado Tenorio..............................

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Rubén Bonifaz Nuño

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de Fuego de pobres



Nadie sale. Parece
que cuando llueve en México, lo único
posible es encerrarse
desajustadamente en guerra mínima,
a pensar los ochenta minutos de la hora
en que es hora de lágrimas.
En que es el tiempo de ponerse,
encenizado de colillas fúnebres,
a velar con cerillos
algún recuerdo ya cadáver;
tiempo de aclimatarse al ejercicio
de perder las mañanas
por no saber qué hacerse por las tardes.
Y tampoco es el caso de olvidarse
de que la vida está, de que los perros
como gente se anublan en las calles,
y cornudos cabestros
llevan a su merced tan buenos toros.
No es cosa de olvidarse
de la muela incendiada, o del diamante
engarzado al talón por el camino,
o del aburrimiento.
A la verdad, parece.
Pero sin olvidar, pero acordándose,
pero con lluvia y todo, tan humanas
son las cosas de afuera, tan de filo,
que quisiera que alguna me llamara
sólo por darme el regocijo
de contestar que estoy aquí,
o gritar el quién vive
nada más por ver si me responden.
Pienso: si tú me contestaras:
Si pudiera hablar en calma con mi viuda.
Si algo valiera lo que estoy pensando.
Llueve en México; llueve
como para salir a enchubascarse
y a descubrir, como un borracho auténtico,
el secreto más íntimo y humilde
de la fraternidad; poder decirte
hermano mío si te encuentro.
Porque tú eres mi hermano. Yo te quiero.
Acaso sea punto de lenguaje;
de ponerse de acuerdo con el tipo
de cambio de las voces,
y en la señal para soltar la marcha.
Y repetir ardiendo hasta el descanso
que no es para llorar, que no es decente.
Y porque a la verdad, no es para tanto.



Rubén Bonifaz Nuño
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Jorge Valdés Díaz-Vélez

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Sobre mojado


Dame un poco de ti, llena mi copa
con la lluvia que ayer tocó tu pelo,
hilos de manantial, gotas de mayo
en la oscura pureza de su forma.

Deja que me acaricie la garganta
y esclarezca la voz para nombrarte
su cauce presuroso, el mar o el río
resonando hacia el fin. Escanciaré

el fondo de cristal con los destellos
del líquido que amolda su deleite.
En la orilla la sed serán los labios

nocturnos animales que celebren
el correr bermellón de nuestra sangre,
un hálito del bosque a flor del agua.



Jorge Valdés Díaz-Vélez
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Jeanloup Sieff

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Jaime Gil de Biedma

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Nos reciben las calles conocidas...



Nos reciben las calles conocidas
y la tarde empezada, los cansados
castaños cuyas hojas, obedientes,
ruedan bajo los pies del que regresa,
preceden, acompañan nuestros pasos.
Interrumpiendo entre la muchedumbre
de los que a cada instante se suceden,
bajo la prematura opacidad
del cielo, que converge hacia su término,
cada uno se interna olvidadizo,
perdido en sus cuarteles solitarios
del invierno que viene. ¿Recordáis
la destreza del vuelo de las aves,
el júbilo y los juegos peligrosos,
la intensidad de cierto instante, quietos
bajo el cielo más alto que el follaje?
Si por lo menos alguien se acordase,
si alguien súbitamente acometido
se acordase... La luz usada deja
polvo de mariposa entre los dedos.



Jaime Gil de Biedma
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Edmond Jabès

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El extranjero



La coquetería de las cosas
por parecer lo que son
El mundo es una conjura
Al extranjero le cuesta hacerse escuchar
Se le reprochan su gesto y su lengua
Y por su paciente cortesía
cosecha injurias y amenazas



Edmond Jabès
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Ulalume González de León

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Cuerpo Entero



Separar el tacto de las manos
hacia un repertorio disidente
de ejercicios de menos

Tocar sólo tu voz
Después: sólo tu olor
Después: sólo tu luz

Después:
lo inacabado en tu presencia
un desconocimiento.

Y volver a calzarme el tacto
para tocar tu cuerpo
para tocar en tu desnudo
lo desnudo también de desnudez.



Ulalume González de León
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Jeanloup Sieff................

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Eduardo Lizalde

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El Tigre



Hay un tigre en la casa
que desgarra por dentro al que lo mira.
Y sólo tiene zarpas para el que lo espía,
y sólo puede herir por dentro,
y es enorme:
más largo y más pesado
que otros gatos gordos
y carniceros pestíferos
de su especie,
y pierde la cabeza con facilidad,
huele la sangre aun a través del vidrio,
percibe el miedo desde la cocina
y a pesar de las puertas más robustas.

Suele crecer de noche:
coloca su cabeza de tiranosaurio
en una cama
y el hocico le cuelga
más allá de las colchas.
Su lomo, entonces, se aprieta en el pasillo,
de muro a muro,
y sólo alcanzo el baño a rastras, contra el techo,
como a través de un túnel
de lodo y miel.

No miro nunca la colmena solar,
los renegridos panales del crimen
de sus ojos,
los crisoles de saliva emponzoñada
de sus fauces.

Ni siquiera lo huelo,
para que no me mate.

Pero sé claramente
que hay un inmenso tigre encerrado
en todo esto.



Eduardo Lizalde
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Antonio Colinas

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Sepulcro en Tarquinia



Oh, Noche, cuánto tiempo sin verte tan copiosa
En astros y en luciérnagas, tan ebria de perfumes.
Después de muchos años te conozco en tus fuegos
Azules, en tus bosques de castaños y pinos.
Te conozco en la furia de los perros que ladran
Y en las húmedas fresas que brotan de lo oscuro.
Te sospecho repleta de cascadas y parras.
Cuánto tiempo he callado, cuánto tiempo he perdido,
Cuánto tiempo he soñado mirando con los ojos
Arrasados de lágrimas, como ahora, tu hermosura.
Noche mía, no cruces en vano este planeta.
Deteneos esferas y que arrecie la música.
Noche, Noche dulcísima, pues que aún he de volver
Al mundo de los hombres, deja caer un astro,
Clava un arpón ardiente entre mis ojos tristes
O déjame reinar en ti como una luna.



Antonio Colinas
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Jeanloup Sieff.................

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Enzia Verduchi

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El clavadista



Al filo de la plataforma el clavadista.

Observa las posibilidades del vacío,
aparente proximidad del agua,
sucinto vértigo suicida.

El muchacho se lanza
con medido impulso,
recorre la infinita distancia
entre concreto y líquido.

Girar al azar del viento:
como quien se deja caer
para no saber más de sí.



Enzia Verduchi
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Claudia Hernández de Valle Arizpe

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Todo lo que erosiona


....................Pero todo lo que se ama se hace
....................enigmático, se vuelve incomprensible.
.............................................María Zambrano



Sé que sólo puedo contar mi historia
pero me obstino en la biografía de los árboles.
Qué pasaría si olvidara, de memoria,
todo el pasado y no pudiera verme
en la euforia de este minuto;
en su fasto amarillo
que me celebra.
Seguiría quedando
mi rostro
y en sus caminos y surcos,
reconocible para los otros,
una biografía incierta.
Creo en la biografía de las piedras.
Todo lo que erosiona deja huella.
Y quizá las palabras nos lleguen tan sólo
para preguntar a quien no puede
respondernos.
Miro la nacionalidad
de lo que no tiene territorio
sino puro silencio
como la voz del agua en todas sus formas
y en esa larga lista de maravillas,
apenas quepo.
¿Y por qué, entonces, la palabra?
El rostro es la palabra
y el rostro es el cuerpo.
Todo tiene un rostro.



Claudia Hernández de Valle Arizpe
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Jeanloup Sieff.................

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Raymond Carver

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Miedo



Miedo de ver una patrulla policial detenerse frente a la casa.
Miedo de quedarme dormido durante la noche.
Miedo de no poder dormir.
Miedo de que el pasado regrese.
Miedo de que el presente tome vuelo.
Miedo del teléfono que suena en el silencio de la noche muerta.
Miedo a las tormentas eléctricas.
Miedo de la mujer de servicio que tiene una cicatriz en la mejilla.
Miedo a los perros aunque me digan que no muerden.
¡Miedo a la ansiedad!
Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.
Miedo de quedarme sin dinero.
Miedo de tener mucho, aunque sea difícil de creer.
Miedo a los perfiles psicológicos.
Miedo a llegar tarde y de llegar antes que cualquiera.
Miedo a ver la escritura de mis hijos en la cubierta de un sobre.
Miedo a verlos morir antes que yo, y me sienta culpable.
Miedo a tener que vivir con mi madre durante su vejez, y la mía.
Miedo a la confusión.
Miedo a que este día termine con una nota triste.
Miedo a despertarme y ver que te has ido.
Miedo a no amar y miedo a no amar demasiado.
Miedo a que lo que ame sea letal para aquellos que amo.
Miedo a la muerte.
Miedo a vivir demasiado tiempo.
Miedo a la muerte.
Ya dije eso.



Raymond Carver
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Harold Alvarado Tenorio

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1479



En la sanguina plaza de Florencia,
la ciudad del lirio rojo,
entre la música y el pueblo,
Masino de Perétola, el bello Julián,
el magnifico Lorenzo, el viejo Cosme,
el 28 de Diciembre de este año,
frente al ahorcado Bernardo di Bandino Baroncelli,
de brazo del amado Salaí,
Leonardo, nacido bastardo en Vind,
entre la música y la insidia del pueblo,
recuerda sus palabras de ayer en el palacio:
«Los Medicis me han hecho y me han deshecho»



Harold Alvarado Tenorio
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