2005-06-27

Vicente Quirarte



Última noche en Coyoacán


............................................A Concha Méndez

ENAMORADO SIEMPRE
y más que nunca vivo, andaría como de paso,
al fin fantasma de un munco más ajeno
que las propias piedras que pisaba.
Pediría permiso al viento,
su venia a la estación en turno,
mas no esperaría a que la noche
de racimos cargados de perfume,
de gritos infantiles y buñuelos lejanos
invadiera por completo esa otra noche
que sólo transita en ciertos hombres.
Lo dicen sin miedo estas higueras
y estos muros que prolongan su blancura
más allá del alma y la mirada:
amaba la quietud de esta plaza
porque en ella podía verse
en rostro de otros hombres
que en silencio le devolvían la soledad,
como quien por la mañana devuelve buenos días
y sabe que recién empieza la mentira.
Abría un periódico,
leía a la luz de un farol noticias
que hubiera nutrido o halagado a otros.
Ignoraba la noche bulliciosa,
la que obliga a refugiarse en otro cuerpo.
El quizás esperaba la otra noche,
aquella en la que nombre y tiempo se confunden:
Creyó firmar sobre arena o sobre el viento,
seguro de que el mar en el crepúsculo
roba todas las huellas y los besos.
Pero la arena no olvidó sus letras
ni el viento olvida a quien ciño su cuerpo.
Por eso sopla, esbelto y doliente, entre sus ramas,
llevando en cada hoja
la sílaba de un nombre:
Luis Cernuda.



Vicente Quirarte

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1 comentarios:

Nina dijo...

Hola Angel, es un placer leer tu blog, me tendras por aca visitandote, un abrazo