Vocación
A Eduardo Lizalde
Lo que me mueve en realidad, hermanos
es el amor.
Si la carnívora no lo mereciera
no le daría granola y miel por las mañanas
no le rasuraría el césped por las noches
—que aquí entre nos, abunda y no es tan crespo como dicen—
No enjuagaría su pelo con shampoo de linaza
ni la vestiría como a una reina desnuda.
Lo confieso, apátridas,
no existe el odio; mas el perdón tampoco.
De los arrepentidos no se vale nadie.
El rencor es música de adioses.
No existe el odio, digo.
La muerte más fina pare amor.
Los perros no se aman, se mastican.
A veces el aliento de las bestias huele a sándalo.
El que te injuria en realidad te aclama
y declara su amor con su torpeza.
Margarito Cuéllar
Lucian Schmit