2012-01-09

ENERO 2012



Imágenes de Ethan Long

Jaime Sabines
Alvaro Cunqueiro
Elsa Cross
Emily Dickinson
John Donne
Efraín Bartolomé
Pierre Louys
Josefa Parra Ramos
JoAgustín Goytisolo
Luigi Amara
Cesare Pavese

Jaime Sabines




Vamos A Guardar Este Día



Vamos a guardar este día
entre las horas, para siempre,
el cuarto a oscuras,
Debussy y la lluvia,
tú a mi lado, descansando de amar.
Tu cabellera en que el humo de mi cigarrillo
flotaba densamente, imantado, como una mano
acariciando.
Tu espalda como una llanura en el silencio
y el declive inmóvil de tu costado
en que trataban de levantarse,
como de un sueño, mis besos.
La atmósfera pesada
de encierro, de amor, de fatiga,
con tu corazón de virgen odiándome y odiándote.
todo ese malestar del sexo ahíto,
esa convalecencia en que nos buscaban los ojos
a través de la sombra para reconciliarnos.
Tu gesto de mujer de piedra,
última máscara en que a pesar de ti te refugiabas,
domesticabas tu soledad.
Los dos, nuevos en el alma, preguntando por qué.
Y más tarde tu mano apretando la mía,
cayéndose tu cabeza blandamente en mi pecho,
y mis dedos diciéndole no sé qué cosas a tu cuello.
Vamos a guardar este día
entre las horas para siempre.


Jaime Sabines



Alvaro Cunqueiro



Vi



Era el tiempo.
Basta con decir que ella nacía en cada instante
y nacía desnuda siempre y siempre tibia.

Basta con decir que eran las sombras y las antenas,
que eran los pájaros y las violetas,
que eran el abanico y las puntas de las estrellas.

Basta con decir que eran ella y su tiempo
en accidente limpio y sombra exacta.

Él cabía vivo en cualquier sitio.


Alvaro Cunqueiro

Elsa Cross




Voz



Tu voz contra el atardecer.
El viento empuja
sobre el cristal
las ramas de los altos encinos.
Tu voz llena el espacio.
Y no hay instrumentos
para tu canto.
Tu voz dibuja signos en el viento
La noche
va bordeando en silencio
ese núcleo
donde la luz se detiene todavía
mientras tu voz,
tu voz sola
borra el instante.


Elsa Cross



Ethan Long



Emily Dickinson




670



No es necesario ser un cuarto para estar embrujado
ni una casa,
el cerebro tiene corredores que superan
los lugares materiales

vale más encontrar a la medianoche
un fantasma visible
que afrontar en el interior
a ese huésped más helado.

Vale más atravesar galopando una abadía
apedreado
que encontrarse a sí mismo desarmado
en un lugar solitario.

Ese uno mismo, detrás de uno mismo oculto,
debe sobrecogernos más,
el asesino escondido en nuestro apartamento
será un menor horror.

El cuerpo busca un revólver,
echa el cerrojo a la puerta
presintiendo un fantasma superior
o más.


Emily Elizabeth Dickinson



John Donne



Usura De Amor



Por cada hora que ahora me concedas,
te entregaré,
Dios usurero del Amor, a ti, veinte,
cuando a mis cabellos negros los grises sean iguales.
Hasta entonces, Amor, deja que mi cuerpo reine, y deja
que viaje, me quede, aproveche, intrigue, posea, olvide;
la del año anterior retorne, y piense que aún
no nos conocíamos.
Deja que imagine mía la misiva de cualquier rival,
y nueve horas después cumpla la promesa
de la media noche. En el camino tome
a doncella por señora, y a ésta le hable del retraso.
Deja que a ninguna ame, ni a la diversión siquiera.
Desde la hierba del campo hasta las confituras de la Corte
o fruslería de la urbe, deja que informes
a mi mente la transporten.
Esta oferta es buena. Si, cuando viejo, por ti
soy inflamado;
si tu honor, mi pudor o mi dolor
codicias, más a esa edad podrás ganar.
Haz tu voluntad entonces; entonces objeto y grado,
y frutos del amor. Amor, a ti someto.
Déjame hasta entonces. Lo acataré, aunque se trate
de una que me ame.


John Donne


Efraín Bartolomé




Uno ama



Uno ama Es amado Saca rosas rojísimas de la piedra
más negra
Vive -en resumen- Ríe Cultiva su jardín en las tinieblas
Uno no necesita más que tiempo quemándose a su paso como
una hoguera suave
Marchando pues al ritmo de la sangre
sobre las tardes tibias y empedradas

Pero un día conoce la temperatura del Deseo:
Una la ama toda la tarde bajo la tempestad
Un día sus labios queman con dulcísimo sol el hombro de uno
Una noche la sueña: cruza con ella ríos inesperados

Uno ya no es el mismo
mira su rostro en el espejo redondo de su vino
en el espejo donde uno se disuelve

Se hace pequeño el mundo

Ya no le alcanza el aire
el día
la luna de antes

Uno despierta un día sobre el lecho de siempre y se encuentra
más solo
Uno se pone triste de repente
Uno se ve las manos en la luz: algo les falta
Uno siente sus brazos vacíos su hombro sin peso

Uno quiere de pronto tener alas

Uno no está con uno en ningún lado

Uno
ya
es
Otro.


Efraín Bartolomé


Ethan Long


.

Pierre Louys




Último Amante



Mancebo, no pases de largo
sin gustar mi amor:
desnuda en la noche, mi carne
recobra esplendor;
más sabio y feliz que cualquiera
frágil primvera
mi otoño te entrega su ardor.

No esperes placer de las vírgenes :
ese arte sutil
lo ignoran ingenuas doncellas,
no es cosa de abril.
Viviendo su rlto constante,
al último amante
dar quiero la esencia febril.

Mi último amante ha llegado:
eres tú, doncel.
Toma, pues, mis labios -cisterna
de ansioso tropel-.
y toma también mis cabellos
que aún guardan ellos
de Safo divina la miel.

Tendrás de mis cálidas vides
el jugo mejor;
aún los más hondos recuerdos
quemaré en tu honor.
Serán tuyas mis joyas más ricas .
la flauta de Lykas
y de Nasdyka el ceñidor.


Pierre Louys

Versión de Carlos López Narváez

Josefa Parra




Poema V. Del Oído



Se levanta tu voz, se enrosca y se estremece,
serpiente y remolino, se enzarza en mis cabellos,
sube aún, se engrandece, se enajena en rugido
y pierde la noción del trino o la palabra.
Eres otro en tu voz. No conozco a ese hombre
que grita en el placer, delicioso extranjero
que habla lenguas angélicas en una cama impura.


Josefa Parra Ramos



Ethan Long



José Agustín Goytisolo




Palabras para Julia



Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Un hombre solo una mujer
así tomados de uno en uno
son como polvo no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otros hombres.

Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.


José Agustín Goytisolo



Luigi Amara




Pedacería nocturna



COMO restos de estatua que en los sueños
me fueron dando tu cuerpo
(así, desperdigado, roto,
y a veces inconexo,
como piezas de tres o más rompecabezas),

flotan después de tanto tiempo unos fragmentos,
piedras quién sabe si de mampostería o de unicel o espuma
que se niegan a hundirse,
llevadas por la turbiedad de tanto oleaje,
chocando contra los arrecifes del cerebro:

un tobillo de pronto, un ojo
entrecerrándose, aquella superficie
blanca y suave en donde habría montado
feliz mi campamento
para explorarlo todo;

piedras insustanciales, frías,
que no logran por fin difuminarse
en la saturación del agua, y reaparecen,
ahora aquí, más tarde allá, falaces,
necias tablas de salvación en medio del insomnio.


Luigi Amara



Ethan Long



Cesare Pavese




Simplicidad



El hombre solo -que ha estado en prisión- regresa a la prisión
cada vez que muerde un pedazo de pan.
En prisión soñaba con las liebres que escapan
sobre el manto invernal. En la niebla de invierno
el hombre vive entre muros de calles, bebiendo
agua fría y mordiendo un pedazo de pan.

Uno cree que después renace la vida,
que la respiración se calma, que regresa el invierno
con la fragancia del vino en la cálida hostería,
y el buen fuego, la cuadra y las cenas. Uno cree,
mientras está adentro, uno cree. Se sale una noche,
y las liebres las cazaron y las comen al calor
los otros, alegres. Hay que mirarlos desde el vidrio.

El hombre solo se atreve y entra para beber un vaso,
cuando ya se está helando, y contempla su vino:
el color humoso, el sabor pesado.
Muerde un pedazo de pan, que sabía a liebre
en prisión, pero ahora no tiene sabor a pan
ni a nada. Y el vino no sabe más que a niebla.

El hombre solo piensa en esos campos, contento
de saberlos ya arados. En el salón desierto,
en voz baja, prueba cantar. Vuelve a ver,
a lo largo del terraplén, el penacho de las zarzas despojadas,
que en agosto fue verde. Le da un silbido a la perra.
Y aparece la liebre y ya no tienen frío.



Cesar Pavese



2011-12-01

DICIEMBRE 2011


Imágenes de Helmut Newton


Rubén Bonifaz Nuño

Rosario Castellanos

Eduardo Mitre

Juan JoDomenchina

Kenneth Rexroth

Sharon Olds

Alda Merini

Pedro Salinas

Czeslaw Milosz

Anne Michaels

Nicanor Parra


Rubén Bonifaz Nuño




Cuál es la mujer que recordamos...



Cuál es la mujer que recordamos
al mirar los pechos de la vecina
de camión; a quién espera el hueco
lugar que está al lado nuestro, en el cine?
¿A quién pertenece el oído
que oirá la palabra más escondida
que somos, de quién es la cabeza
que a nuestro costado nace entre sueños?

Hay veces que ya no puedo con tanta
tristeza, y entonces te recuerdo.
Pero no eres tú. Nacieron cansados
nuestro largo amor y nuestros breves
amores; los cuatro besos y las cuatro
citas que tuvimos. Estamos tristes.
Juntos inventamos un concierto
para desventura y orquesta, y fuimos
a escucharlo serios, solemnes,
y nada entendimos. Estamos solos.

Tú nunca sabrás, estoy cierto,
que escribí estos versos para ti sola;
pero en ti pensé al hacerlos. Son tuyos.

Ustedes perdonen. Por un momento
olvidé con quién estaba hablando.
Y no sentí el golpe de mi ventana
al cerrarse. Estaba en otra parte.


Rubén Bonifaz Nuño


Rosario Castellanos




El otro



¿Por qué decir nombres de dioses, astros
espumas de un océano invisible,
polen de los jardines más remotos?
Si nos duele la vida, si cada día llega
desgarrando la entraña, si cada noche cae
convulsa, asesinada.
Si nos duele el dolor en alguien, en un hombre
al que no conocemos, pero está
presente a todas horas y es la víctima
y el enemigo y el amor y todo
lo que nos falta para ser enteros.
Nunca digas que es tuya la tiniebla,
no te bebas de un sorbo la alegría.
Mira a tu alrededor: hay otro, siempre hay otro.
Lo que él respira es lo que a ti te asfixia,
lo que come es tu hambre.
Muere con la mitad más pura de tu muerte.


Rosario Castellanos


Eduardo Mitre




Perplejidad



Qué cosa extraña, Lejana:
nunca te recuerdo desnuda,
siempre llevas algo puesto:
un abrigo rojo,
una falda larga
y, en pleno verano,
una blusa cerrada.

No, nunca amanecen en mi memoria
tus senos descubiertos,
ni tus muslos,
ni el fino triángulo
que cubría tu sexo.

Tu desnudez permanece
como una flor en la sombra,
como si alguien me castigara
devolviéndote
no solo a tu misterio
sino también a tu virginidad.

Y pensar que, entonces,
ardíamos juntos
como un par de leños.

Qué riguroso, Lejana, el modo
en que volvieron a vestirte
las manos del tiempo.


Eduardo Mitre



Helmut Newton

Juan José Domenchina




Corceles



Corceles
de fiebre:

-Galopes
de bronce,

aromas
de sombra,

violencias
de seda-:

tus muslos
desnudos.


Juan José Domenchina


Kenneth Rexroth




De Poemas de Amor de Marichico



Me despiertas,
Apartas mis muslos, y me besas.
Te regalo el rocío
De la primera mañana del mundo.


Kenneth Rexroth


Sharon Olds





Encuentro

                                                                     Para E.A.O.


ME peino el cabello frente al espejo
cuando te acercas, el rostro lleno de dolor,
el pelo enredado.

Me siento frente al espejo
y te peino hacia afuera, mirándote a los ojos
oscuros como la tierra muy hondo bajo la tierra.

No te quejas cuando el peine se enreda.
Permaneces muy quieta. Se puede oír cómo
el oleaje
se alza dos metros sobre las gastadas rocas
y se escurre hacia abajo. Estás muerta
  de cansancio
pero te sientas erguida, la vista al frente,
los ojos negros como tumbas en el espejo.

No estás enfadada porque me acueste con tu hijo,
no estás enfadada porque le hayamos puesto tu
  nombre a nuestra hija,
no estás enfadada porque estemos  aquí de visita
en la isla rocosa donde te moriste. Te sientas
inmóvil y grave. Las olas se elevan y
cubren las rocas.

Poco después es como si solo
se peinara una mujer frente
al espejo, pero no sé cuál,
tu presencia se eleva rápidamente sobre mí y
presiona como la tierra desde todas partes.


Sharon Olds


Helmut Newton



Alda Merini




A todas las mujeres



Frágil, opulenta mujer, matriz del paraíso,
eres una semilla de culpa
hasta para los ojos de Dios
a pesar de todas tus guerras santas
por la emancipación.
Rasgaron tu belleza
y queda un esqueleto de amor
que aún sigue gritando venganza
y tú solamente aciertas
todavía a llorar,
luego te vuelves y aún ves a tus hijos,
luego te vuelves y aún no sabes qué decir
y callas maravillada
y entonces te vuelves grande como la tierra.


Alda Merini


Pedro Salinas




Ahogándome en ella



Si no es el mar, sí es su imagen,
su estampa, vuelta, en el cielo.
Si no es el mar, sí es su voz
delgada,
a través del ancho mundo,
en altavoz, por los aires.
Si no es el mar, sí es su nombre
es un idioma sin labios,
sin pueblo,
sin más palabra que ésta:
mar.
Si no es el mar, sí es su idea
de fuego, insondable, limpia;
y yo,
ardiendo, ahogándome en ella.



Pedro Salinas




Helmut Newton




Czeslaw Milosz





El fin del Mundo



El día del fin del mundo
La abeja gira encima de la flor de capuchina
El pescador repara una red brillante.
En el mar los delfines saltan alegres,
Los gorriones jóvenes se agarran del canalón
Y la serpiente tiene piel dorada, como la debe tener.

El día del fin del mundo
Las mujeres cruzan el campo bajo las sombrillas,
Un borracho se duerme a la orilla del césped,
En la calle pregonan los verduleros
Y una lancha con vela amarilla llega a la isla,
El son del violín en el aire persiste
Y abre la noche estrellada.

Y quienes esperaban relámpagos y truenos
Están decepcionados.
Y quienes esperaban señales y trompetas de arcángeles
No creen que esté sucediendo ya.
Mientras el sol y la luna están arriba,
Mientras el abejorro visita a la rosa,
Mientras nacen los niños rosados,
Nadie cree que esté sucediendo ya.

Sólo un viejito cano, que hubiera sido profeta,
Pero no es profeta porque tiene otro quehacer,
Dice amarrando los tallos de tomates:
No habrá otro fin del mundo,
No habrá otro fin del mundo."  



Czeslaw Milosz